Spanish-Language Books for Children
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Lo que hay detrás de un nombre

A mi papá siempre le gustó viajar de noche. Por eso, cuando cada verano salíamos en auto rumbo a Mar del Plata, una ciudad balnearia a cuatro horas de Buenos Aires, lo hacíamos después de cenar. O mejor dicho, después de que mi mamá revisara, tres o cuatro veces, que la plancha hubiera quedado desenchufada, las puertas bien cerradas y el gas apagado.

Tras ese ritual, y con el auto cargado a más no poder, nos subíamos con mis dos hermanas al asiento de atrás del Peugeot 504. Mi papá había tejido a crochet una hamaca que, colgada sobre el asiento trasero, servía de cama para mi hermana más chica. Un invento genial: eso nos permitía a las más grandes poner una almohada de cada lado y dormir estiradas a lo largo del asiento. También servía para molestar a la de arriba, claro, porque podíamos pellizcarle la cola por entre el tejido del crochet. (¡Las delicias de los años 70!)

Así tirada me pasaba gran parte del viaje mirando ese paisaje infinito que es la noche de campo de la llanura argentina. El cielo cargado de estrellas. La luna en algún rincón iluminando la nada, siempre ahí, fiel y misteriosa, inmune a la velocidad y las vueltas del camino.

Era imposible no fijar la mirada en la luna y desafiarla. Ya te vamos a alcanzar, ya te vamos a dejar atrás. Ya casi…. Pero no. No importaba lo rápido que fuera mi padre, la luna nunca estaba ni más cerca, ni más lejos, ni más a la derecha, ni más a la izquierda. Estaba siempre ahí, cómplice y compañera, y al mismo tiempo inalcanzable. 

Esa noche de campo era el comienzo de una aventura. Era la primera página de un buen libro. Era el prólogo de ese mundo finito, memorable y adrenalínico que eran las vacaciones de verano. Por eso, a punto de empezar este proyecto de traer los más deliciosos libros infantiles de países de habla hispana para ponerlos en las manos de niños bilingües en Estados Unidos, me siento en ese mismo Peugeot 504.

Con la cabeza llena ideas y las valijas llenas (de libros), saludo a mi compañera de ruta: “¡CHAU, LUNA!* 

 

* Este proyecto está dedicado a la memoria mi padre, que tantos libros me regaló cuando era chica. Gran lector, inventor y contador de historias. El que me enseñó a andar en bicicleta y a nadar en lo profundo del mar. A mi papá, que solía encontrar las respuestas a todas nuestras preguntas en una pila de libros. Para él, toda pregunta, invariablemente, conducía a algún libro. O mejor aún, a varios. A él va dedicado este proyecto, simplemente, porque le encantaría leer todos estos libros y hablar con detenimiento de cada uno de ellos.



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